viernes, 9 de agosto de 2013

El camino de la Vida





De todos es sabido que la Vida es una carrera sin vuelta atrás. No hay desvíos que nos hagan desandar el camino recorrido. Inicias la marcha con tu vehículo recién estrenado. Poco a poco, le vas añadiendo extras; unas ruedas más potentes, un motor renovado, nuevos faros que te indiquen el camino más nitidamente. Y así, vas recargando el depósito, maqueando tu vehículo . Lo cuidas, embelleces y te sientes orgulloso de el.

Con el tiempo entras en una autopista de muchos carriles y, te das cuenta de que otro vehículo se acerca a ti y decide hacer el camino a tu lado. Es mucho más grande y potente que el tuyo; lo ves hermoso y seguro. Te alegras de poder recorrer el camino junto a Él.

Llega un día en que ese compañero de viaje, por causas del destino, empieza a tener averías. No hay problema, en la carretera hay buenos talleres y profesionales que lo dejan como nuevo y volvéis a retomar la marcha.

Al poco observas que le siguen fallando piezas. No os desanimáis. Llevas un fuerte cable en tu maletero, lo enganchas y arrastras de su vehículo. La marcha es fluída, más lenta que al principio pero, igual de hermosa. Suave y pausadamente gozáis de ese viaje sin un fin previsto, tan solo lo disfrutáis.

De pronto surge un imprevisto. Una de sus ruedas pincha, no hay repuestos, los agotaste todos. Imposible volver atrás en busca de uno. No hay marcha atrás. Tú no te aminoras por eso, decides enganchar otro cable más robusto y arrastrar de  tu compañero, no quieres dejarlo atrás. Es mucho el tiempo que lleváis juntos y, por nada del mundo lo vas a abandonar….Y tiras…y tiras… y arrastras de Él todo lo fuertemente que puedes. Sientes que tus fuerzas te flaquean, apenas te queda combustible para seguir la ruta. Te pide que lo abandones…¡No, eso nunca!

Te detienes a descansar un instante, piensas en todo lo andado, miras hacia adelante, miras a tu compañero. Su máquina está muy deteriorada, te sientes hundido, no sabes por cuanto tiempo vas a aguantar. Entonces, decides buscar una gasolinera donde te abastezcan de un combustible más potente, que te dé fuerzas para seguir la marcha y tirar de tu compañero. Por nada del mundo quieres dejarlo. Aún sin la rueda podéis caminar, eres lo suficiente fuerte para acompañarlo hasta el final de sus días.


¡¡Una gasolinera, por favor!!